Una buena parte de nuestra vida la pasamos en las aulas con los maestros.

Los hay dedicados, indiferentes, estudiosos, justos, injustos, etc. Tan distintos son los profesores como todos y cada uno de nosotros; sin embargo, siempre hay un maestro que nos impacta más que los demás.

En la primaria conocí al profesor Bayes Soto: era muy puntual, organizado y frecuentemente lo veíamos leyendo, algo poco usual en la cultura de los años 60’s. Siempre nos miraba seriamente y explicaba la clase con sencillez; cuando nos hacía preguntas ponía mucha atención en las respuestas y nos hacía críticas; pero no sé cómo todos sus alumnos sacaban buenas notas y eso nos motivaba a esforzarnos más. Y es que detrás de su aparente actitud dura y vertical, se escondía un hombre realmente interesado en la mejora personal de cada uno de sus alumnos. Al terminar la primaria supe que no volvería a verlo, pues se iba a otro colegio. A mis 10 años de edad no tenía idea de cómo darle las gracias por sus enseñanzas, pero él buscó a cada uno de sus alumnos y se despidió breve y seriamente: cuando me vio se despidió y me dio un libro, sin explicarme la razón. Lo leí rápidamente y entendí que mi profesor me estaba motivando por seguir el hábito de la lectura, placer que cultivo hasta hoy. Desde entonces traté de imitarlo y me di cuenta que la enseñanza, más que impartir conocimientos, es mostrar buenas costumbres para que el alumno imite lo bueno y camine hacia la mejora personal.

El día de hoy, en todo el Perú, más de 9 millones de alumnos en más de 99,000 colegios, universidades e institutos saludarán a más de 600,000 profesores por el día del Maestro. Si tú, mi estimado lector, tienes un gran maestro, recuérdalo y salúdalo, pues mucho de lo que somos hoy lo debemos a los grandes maestros que tenemos a lo largo de nuestra vida.

Feliz día para todos los grandes Maestros.